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Crianza y frustración: ¿una relación deseable?

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Los tiempos difíciles que vivimos hacen recomendable que durante el proceso de la crianza los hijos adquieran la fortaleza necesaria para afrontar con éxito las dificultades que necesariamente encontrarán en su discurrir por la vida.

Una corriente influyente del pensamiento en torno a la crianza mantuvo por muchos años y hasta hace muy poco, el concepto de que la frustración era negativa para los niños y que por lo tanto todo lo que se hiciera por evitarla era altamente deseable. Hoy, por el contrario, algún nivel de frustración se considera necesario para la formación del carácter en el contexto de un crecimiento emocional sano, que permita un manejo asertivo de la realidad adulta.

El recién nacido humano no tiene tolerancia a la frustración, es egocéntrico. Todas sus necesidades deben ser resueltas de manera perentoria. A medida que el crecimiento y el desarrollo van avanzando, el manejo creciente de la frustración se va haciendo evidente, por ejemplo, mediante el establecimiento de rutinas de aseo, alimentación, sueño, etcétera.

Es necesario inculcar en los hijos la vivencia de que en la realidad cotidiana se siente gratificación cuando para obtener las cosas que se desean se ha tenido que trabajar y sacrificarse ofreciendo lo mejor de cada uno. Cuando las cosas se han obtenido de esta manera, se está en capacidad de valorarlas y apreciarlas en toda su magnitud. Para avalar lo dicho, viene con facilidad a la memoria la felicidad que sentíamos al comprar un juguete con el producto de lo ahorrado en la alcancía durante mucho tiempo.

El estudio y la importancia creciente que ha alcanzado el concepto de resiliencia, entendida como la capacidad de enfrentar con éxito las dificultades y salir fortalecido de ellas, conlleva también el aprestamiento de los niños para resolver problemas y saber afrontar situaciones desafiantes.

En su excelente ensayo "Elogio de la dificultad", el filósofo Estanislao Zuleta invita a no allanarles el camino a los niños para que ellos puedan desarrollar sur recursos, cuando afirma:

Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo lo que no nos exige ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.

Una mención especial merece en este contexto el concepto de muchos padres cuando afirman quiero que mis hijos tengan lo que yo no tuve, que lleve como consecuencia a los mimos excesivos y a darle gusto en todo a sus hijos, con lo cual la tolerancia a la frustración es casi nula, haciendo que los niños no acepten nada que los contraríe o que consideren desagradable y que crezcan convencidos de que la vida todo se los debe, lo que los llevará a un pobre autocontrol y a limitaciones importantes de ajuste una vez que se incorporen al tejido social.

A los niños hay que ayudarles a entender los errores como oportunidades para aprender y rectificar y que el reconocerlos los cualifica como seres humanos y facilita la posibilidad de crecer y mejorar hacia el futuro. Sobre esto, recuérdese con Smiles que El que nunca cometió un error, nunca descubrirá nada. Aprendemos más por los fracasos que por los éxitos. Descubriendo lo que no vale, encontramos lo que vale.

Si se entiende la crianza como el camino fascinante hacia la autonomía, esto es, el ejercicio pleno de la libertad con responsabilidad, todos los aprestamientos que logre adquirir el niño durante este proceso se convertirán en elementos fundamentales para un ejercicio vital exitoso.

En este contexto, se plantean algunas ideas tendientes a la consecución de este fin:

• No haga por un niño lo que él sea capaz de hacer solo
• Evite al máximo la sobreprotección, puesto que genera en el niño un sentimiento de minusvalía que va afectar su nivel de autoestima.
• Estimule en el niño la creatividad para que se convierta en un elemento determinante para el afrontamiento asertivo de los problemas.
• Inculque en sus hijos el concepto de que en el juego de la vida se gana y se pierde y ayúdele a afrontar con entereza ambas situaciones.
• Por último, y no por ello menos importante, asegúrese de que su hijo se sienta amado, lo que le ayudará muchísimo en la solución de sus dificultades, pues como lo afirmó Goethe, saberse amado produce más fuerza que saberse fuerte.

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